EXTERIOR INVERNADEROS. Capítulo 5. Cómo conseguir que nuestro seto solo se riegue con las lluvias y que no nos crezcan plantas indeseadas en su interior

Aparte de su función principal, que se convierta en un reservorio de fauna auxiliar que nos ayude a potenciar el Control Biológico que aplicamos en el interior de los invernaderos, nuestro seto ecológico también debe de caracterizarse por:

  • tener el mínimo mantenimiento posible en el tiempo,
  • consumir la menor cantidad posible de agua de riego durante los dos primeros años y que a partir de ese segundo año solo se riegue con el agua de lluvia,
  • y que no crezcan en su interior plantas que sean reservorios de virus o que atraigan plagas agrícolas (ver Interior Invernaderos. Capítulo IV).

 

Y para conseguir las tres consideraciones anteriores debemos de incluir en el diseño de nuestro seto los siguientes elementos:

  • un acolchado (o mulching),
  • plantas reservorio autóctonas,
  • y un sistema de riego por goteo.

 

Acolchado

El acolchado es uno de los siete principios de la Xerojardinería, una técnica de jardinería especialmente diseñada para climas áridos consistente en colocar sobre la tierra una capa de diferentes materiales que permiten retener en el suelo el agua de lluvia, ya que dificultan su evaporación, siendo su cometido principal conseguir que finalmente las plantas puedan crecer sin necesidad de tener que aportarles agua de riego, a la vez de evitar el crecimiento de plantas no deseadas.

Hay varios tipos de acolchados, nosotros aconsejamos utilizar una capa de grava de color blanco de unos 10 cm de espesor, teniendo cada grava unos diámetros en torno a 3 cm.

Con el color blanco se consigue desviar los rayos solares, un hecho de gran importancia sobre todo en el verano, consiguiéndose así que el suelo no se recaliente y, por tanto, que no se nos evapore mucha agua.

Con respecto al espesor, 10 cm, está pensado para climas en donde el régimen de lluvias está en torno a 300 mm de lluvia al año (300 litros/m2/año), como es el caso de nuestro clima mediterráneo, facilitando ese espesor de acolchado que en nuestros setos puedan crecer especies vegetales que incluso necesiten más cantidades de lluvias anuales (hasta 400-600 mm/año) sin que tengamos que regarlas a partir del segundo año.

Asimismo, ese espesor va a dificultar enormemente que las semillas de otras especies vegetales “que no han sido invitadas” a nuestro seto (como las mal llamadas malas hierbas, así como las que son reservorios de virus o las que atraen a las plagas agrícolas) consigan germinar en su interior, contribuyendo también de esta manera a reducir su mantenimiento al minimizar el escardado.

 

Plantas reservorio autóctonas

Si a la vez que colocamos en nuestro seto un acolchado de 10 cm plantamos en su interior plantas reservorio autóctonas, o sea, aquellas que están totalmente adaptadas al clima local (que en el caso de nuestra Comarca del Poniente de Almería serían aquellas especies botánicas que estarían aclimatadas a un régimen de lluvias en torno a 300 mm al año), podemos conseguir que a partir del segundo año ya no tengamos que regar más nuestro seto con el riego por goteo…, quizás algún riego esporádico durante la época estival.

 

Riego por goteo

Y como podemos deducir con la lectura anterior, el riego por goteo solo será necesario utilizarlo en los dos primeros años, que es el tiempo que se estima que las plantas reservorio estarán totalmente enraizadas. Como orientación de riego para esos dos primeros años, en las épocas más desfavorables (de mayo a septiembre) regaremos cada 15 (20) días aportando unos 5 (10) litros de agua/m2, mientras que en los meses más favorables regaremos cada 30 días aportando esas mismas cantidades de agua.

No obstante, esta infraestructura siempre debe de estar presente, ya que estamos comprobando que los veranos en estas latitudes están siendo cada vez más extremos y quizás tengamos que utilizarlo más de una vez durante esa época del año aunque hayan pasado más de dos años, además de utilizarlo para aportar humus de lombriz de tierra líquido (ver capítulo 4).

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